Alguna gente que ha escuchado hablar de la "teoría de la evolución" o del "Darwinismo", puede pensar que estos conceptos solamente incumben al campo de la biología, sin ningún otro significado en su vida diaria. Este es un gran error de concepción porque mucho más que un concepto biológico, la teoría de la evolución constituye el apuntalamiento de una filosofía fraudulenta que ha influido sobre un gran número de personas.
Se trata de la filosofía "materialista", la cual sostiene una serie de puntos de vista espurios respecto a porqué y cómo pasamos a existir los seres humanos. El materialismo sostiene que lo único que existe es la materia, la cual es la esencia de todas las cosas orgánicas e inorgánicas. Partiendo de esta premisa, niega la existencia de un Creador divino, es decir, Dios. Al reducir todo al nivel de la materia, esta noción transforma al hombre en una criatura que repara solamente en ella y se aparta de los valores morales de cualquier tipo. Este es el comienzo de grandes desastres que sobrevendrán en la vida de los seres humanos.
Los prejuicios del materialismo no se limitan solamente a los individuos. El materialismo busca abolir también los valores básicos sobre los que descansan el estado y la sociedad y generar un conjunto social insensible y sin grandeza de espíritu que preste atención solamente a lo material. De este modo ninguno de los miembros de una comunidad, puede poseer ideales como el patriotismo, el amor por el pueblo de uno, la justicia, la lealtad, la honestidad, el sacrificio, el honor o una ética correcta; el orden social establecido por esos individuos está condenado a hacerse pedazos en un corto plazo. Por dichas razones, el materialismo es una de las amenazas más serias a los valores básicos del orden social y político de la nación.
Otro gran mal del materialismo es su apuntalamiento de las ideologías divisivas y anarquistas. El comunismo, la principal de dichas ideologías, es el resultado político natural de la filosofía materialista. Buscar abolir nociones sagradas como las de estado y familia constituye la ideología fundamental de todas las formas de acciones subversivas dirigidas contra la estructura de un estado unido. La teoría de la evolución constituye el llamado fundamento científico del materialismo, del cual depende la ideología comunista. El comunismo, al tomar la teoría de la evolución como referencia, busca justificarse y presentar su ideología como cabal y correcta. A esto se debe que el fundador del comunismo, Carlos Marx, escribiera para el libro "El Origen de las Especies" de Darwin -que estableció las bases para la teoría de la evolución-, lo siguiente: "este es el libro que contiene los fundamentos de la historia natural para nuestros puntos de vista".
Como una cuestión de hecho, las ideas materialistas de todo tipo, siendo las de Marx las principales, han colapsado totalmente debido a que la teoría de la evolución -que en realidad es un dogma del siglo XIX sobre el que se apoya el materialismo-, ha quedado absolutamente invalidada por medio de los descubrimientos de la ciencia moderna, la cual ha desaprobado y continúa desaprobando las hipótesis materialistas que no reconocen más que la materia, en tanto que demuestra que todo lo existente es el producto de lo creado por un ser superior.
Carlos Marx dejó en claro que la teoría de Darwin era un fundamento sólido tanto para el materialismo como para el comunismo. También exhibió su simpatía por Darwin al dedicarle "El Capital" -el principal trabajo de Marx-, donde escribió, en la edición en alemán: De un ferviente admirador a Charles Darwin.
Para más información sobre el engaño de la evolución Darwiniana, podeís visitar la web: EL ENGAÑO DEL EVOLUCIONISMO. A continuación tenéis los links de los documentos por si queréis copiarlos y leerlos.
COMENTARIO DE ELENDIL : El engaño del evolucionismo no es algo tan revelador como pudieramos pensar, ya que desde siempre se ha hablado de ella como "La teoría de la evolución". Aunque en el mundo científico haya sido la "teoría más aceptada", no significa que sea la más acertada para explicar nuestros orígenes como especie. Pero, el hecho de que esta teoría sea falsa, no significa tampoco que se nos disparé el concepto divino en todo esto. Es evidente que existe un orden en las cosas, en la naturaleza, o alguna fuerza que bien podríamos llamarlo Dios(Diosa) o Éter. Pero, creo (y desde la sensatez y la razón) que atribuir la "autoridad de la creación" a un Dios Bíblico, deja mucho que desear sabiendo las inmensas irregularidades y contradicciones de dichos textos, y ni tan sólo teniendo pruebas evidentes de la intención de sus escritores, por el simple hecho de asegurar que todo lo escrito esta inspirado por Dios.
Quien afirme hoy que el Universo fue creado hace poco más de 4.000 años o que los tiranosaurios compartieron la Tierra con los hombres desde el principio de los tiempos se encontrará, al menos en Europa, con un gran número de personas que le rebatan con vehemencia. Sin embargo, muchos de los que defienden las teorías científicas modernas lo hacen basándose en la credibilidad que les transmite un sistema determinado, y tendría serias dificultades para argumentar su postura o llegar por sí mismos a las conclusiones con las que construyen su imagen del mundo. Una postura no muy distinta, en el fondo, de la de los religiosos decimonónicos que calculaban la edad de la Tierra basándose en la Biblia, una fuente, para ellos, de la mayor credibilidad.
El argumento lo defendía George Bernard Shaw en el prefacio de su obra Androcles y el león. Para el escritor irlandés, si un clérigo le hubiese dicho a Guillermo el Conquistador que el sol se encontraba a 77 millas de distancia, Guillermo le habría creído porque con su mentalidad medieval sentiría que esa cifra era razonable. Sin embargo, decía, "un monarca moderno, sabiendo tan poco sobre el tema como el rey normando, habría enviado al clérigo al asilo. Sin embargo, aceptará sin dudar la última estimación de 92 millones de millas". "Lo que él cree puede ser cierto, pero esa no es la razón por la que lo cree; lo cree porque de algún modo misterioso la cifra es atractiva para su imaginación", explicaba y añadía: "La creencia es literalmente una cuestión de gusto, y los gustos son cuestión de modas". El planteamiento puede ser cierto para casi todos nosotros y, sin embargo, echar un vistazo a algunas de las controversias del pasado muestran cómo se ganaron nuestra credibilidad los que prefirieron mirar a la naturaleza en busca de la verdad en lugar de asumir la revelación sin masticar.
La edad de la Tierra.
Hace tan sólo 100 años no se sabía qué edad tenía la Tierra y la Biblia había sido hasta entonces una de las principales herramientas para calcular cuándo tuvo lugar el inicio de los tiempos. Así, Newton dató el día de la creación en el 3.998 a.C. y el obispo irlandés James Ussher llegó a proponer en el siglo XVII una fecha exacta: el 23 de octubre del 4.004 a.C. A partir del siglo XIX aparecieron planteamientos más fundamentados. El físico inglés William Thomson, más conocido como Lord Kelvin, calculó la edad de la Tierra en 100 millones de años. "Asumió que al principio, el planeta había sido un globo de material líquido y después estimó (empleando la segunda ley de la termodinámica) el tiempo que habría necesitado para llegar a la temperatura actual", explica Cherry Lewis, investigador de la Universidad de Bristol (Reino Unido) y autor del libro The Dating Game. Esta estimación coincidía con la realizada por otros geólogos como John Joly, que fijó la edad de la Tierra en una cifra similar a la de Kelvin con otro ingenioso método. Partió de un mar original de agua dulce y calculó cuánto tiempo habría sido necesario para que el mar alcanzase los niveles actuales de salinidad.
Darwin necesitaba tiempo.
Los resultados de Kelvin no eran convenientes para otras teorías científicas, entre ellas, la de la evolución por selección natural propuesta por Charles Darwin. En su viaje por el mundo a bordo del Beagle, el naturalista británico había observado cómo las distintas condiciones ambientales y geográficas habían dado lugar a distintas especies. Pero para que su teoría funcionase y los pequeños cambios sufridos por los animales en cada generación pudiesen dar lugar a la gran cantidad de especies que existen, Darwin necesitaba que la edad de la Tierra fuese mayor que la calculada por Kelvin. "Como dijo Thomas Huxley, el principal defensor de Darwin, 'la biología toma su tiempo de la geología'", recuerda Lewis.
Huxley ya había defendido las teorías de Darwin en un debate con el obispo de Oxford, Samuel Wilberforce, en 1960. Entonces, el prelado llegó a preguntarle al científico si descendía de un mono por parte de padre o por parte de madre. Años después, tuvo un nuevo encuentro de alto nivel para defender a su amigo, pero en este caso frente al científico británico más prestigioso de la época: Lord Kelvin. Éste defendía que, con la edad de la Tierra que él había calculado, sólo el diseño inteligente habría permitido la enorme diversidad biológica. Como cuenta el profesor de la Universidad de Northern Illinois (EEUU) Joe Burchfield, el gran prestigio de Kelvin y la falta de argumentos concluyentes por parte de Huxley hicieron que, por el momento, el Lord obtuviese la victoria. Pero la situación cambió cuando, en los últimos años del siglo XIX, el matrimonio Curie y Henri Becquerel descubrieron la radiactividad. Este proceso echó por tierra los métodos empleados hasta ese momento para conocer la edad del planeta. Por un lado, se supo que en la Tierra había elementos que generaban calor, con lo que calcular su ritmo de enfriamiento sin tener en cuenta esta característica invalidaba los resultados. Por otro, se supo que los elementos radiactivos se degradaban durante siglos a un ritmo que se podía medir. Era una herramienta perfecta para datar rocas.
Meteoritos para datar la Tierra
Por curioso que parezca, la edad de la Tierra no se estimó con rocas de este planeta, sino a través de meteoritos. "Las rocas en la Tierra han sufrido un proceso de reciclaje que resetea su reloj geológico", afirma Cherry Lewis. Por el contrario, se cree que los meteoritos no han cambiado desde los orígenes del sistema solar. Gracias al sistema de datación por uranio-plomo desarrollado por Arthur Holmes, la edad del planeta estimada alcanzó en los años 20 los 3.000 millones de años, superando incluso la del Universo que, por entonces, se estimaba en 1.800. Finalmente, en 1956, a través de fragmentos de un meteorito caído en Arizona, la edad de la Tierra se fijó en 4.550 millones de años. Durante años, mediante técnicas que han logrado su credibilidad porque cualquier persona podría reproducir en cualquier lugar y porque siempre existe la posibilidad de poner a prueba todos los resultados, se logró conocer una fecha que dio espacio para la evolución de Darwin o la teoría de las placas tectónicas.
Hoy, otras formas igual de ingeniosas para lograr información si siguen cambiando la visión del mundo. Una de ellas tiene que ver con el conocimiento del clima del pasado. Como sucedió con la edad de la Tierra, los científicos han sido capaces de leer la historia del planeta en los insospechados lugares donde ésta suele estar escrita. Uno de ellos son las muestras de hielo recogidas en la Antártida. En estos cilindros helados, el grosor de las distintas capas acumuladas con el paso del tiempo permite conocer las precipitaciones en un periodo determinado y el aire atrapado en los copos de nieve que caían ha proporcionado mucha información sobre cómo era la atmósfera en el momento en que se formó el hielo. Así se pudo obtener información sobre el clima antiguo para compararlos con el moderno y comprender que algo no marchaba bien. Es posible que muchas de las personas preocupadas por el cambio climático no tengan muchos más argumentos que la fe para justificar su preocupación y que, como decía Shaw, lo que decidimos creer sea cuestión de gusto, pero habría que tener en cuenta que hay gustos mejores que otros.(Autor: Sultan), (Fuente: http://www.foroloco.net/t5192/diseo-inteligente/).
El planeta Tierra fue creado por Dios en siete días, y todas las especies fueron colocadas por el Creador tal y como son ahora. Esta corriente de pensamiento, que ningún científico con la cabeza sobre los hombros estaría dispuesto a apoyar, está siendo estudiada en algunas escuelas estadounidenses en igualdad de condiciones con la teoría de la evolución de Darwin. Combatirla es el motivo principal de Darwin y el diseño inteligente, del biólogo español afincado en Estados Unidos Francisco J. Ayala. Si el currículum de Ayala sorprende por su densidad -ha sido presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, Medalla Nacional de las Ciencias en EEUU y asesor de Bill Clinton- Darwin y el Diseño Inteligente (Alianza, 2007) sorprende por su claridad. La evolución de los seres vivos no sólo queda explicada con pruebas, sino que, además, el autor explica cómo la ciencia ha llegado a ellas después de años de esfuerzo conjunto.
¿Por qué este libro y por qué ahora?
Por el movimiento creacionista, fundamentalista y antievolucionista que está resurgiendo en EEUU, y se está extendiendo. Es una desdicha que un movimiento que es anticientífico, y a mí manera de entender, antirreligioso, esté tomando auge entre los cristianos de buena fe.
Evolución y fe llevan mucho tiempo conviviendo sin problemas. ¿Qué está pasando?
Los grandes teólogos del cristianismo como Santo Tomás de Aquino y San Agustín, ya decían que la Biblia no es un libro de texto, sino un libro religioso. Un argumento que usan los creacionistas es la aparente contradicción de la Biblia con la ciencia, pero es que la Biblia no es un libro científico. Por eso la religión y la ciencia sobrevivían apaciblemente juntas, y ahora han venido estos movimientos...
¿Quién está detrás del diseño inteligente y por qué están teniendo tanto éxito?
Principalmente, tres o cuatro autores; sólo uno de ellos (Michael Behe) es un científico, es bioquímico. El argumento de Behe se basa simplemente en su incapacidad de entender cómo la selección natural puede explicar la evolución. Como no puede hacerlo, entonces la tiene que explicar Dios como diseñador. La razón del éxito es que estas ideas se venden muy bien. Los creyentes pueden encontrar muy atractivo que para explicar la complejidad de los organismos tengamos que recurrir a Dios. Las ideas son atrayentes, hasta que uno las empieza a mirar en detalle. En los detalles es donde aparece el demonio.
Para combatir este movimiento en su libro usted no ha recurrido tanto a la confrontación como a la presentación de pruebas, a la divulgación científica. Y hasta cierto punto, aunque no es mi especialidad, a la divulgación teológica también, porque hay principios teológicos que demuestran cómo el diseño inteligente es contrario a la teología cristiana.
Es llamativo cómo determina usted que el diseño inteligente no es tan inteligente; los seres vivos estamos llenos de fallos...Un ejemplo es el de la mandíbula humana, que no es lo bastante grande para albergar todos los dientes; nos tienen que sacar las muelas del juicio y, a veces, enderezar otros. ¿Le vamos a echar la culpa de ese diseño, no ya imperfecto sino disfuncional, a Dios?. Mucho más serio, en muchos sentidos, es el canal de la natalidad de las mujeres, que no es lo suficientemente grande para que pase la cabeza del niño, ya que la cabeza se ha ido expansionando a través de la evolución. Millones de mujeres mueren en el parto, y millones de niños que no han hecho nada malo mueren antes de nacer. Alguien que hubiera diseñado una cosa así, que llevara a la muerte de muchos fetos, sería calificado de abortista. Con arreglo al diseño inteligente, lo que implica es que Dios es el principal abortista del mundo.
El espectro de creencias religiosas de Estados Unidos es muy distinto al de Europa. ¿Aun así usted cree que el diseño inteligente puede extenderse por el continente?
Sí, se está extendiendo. Más en países anglosajones como Australia o Inglaterra que en países centroeuropeos o de lengua latina, pero se va extendiendo porque, repito, es una postura muy atractiva. De pronto, dicen, tenemos una explicación de la existencia de Dios. No se dan cuenta de las implicaciones que tiene, que para mí son una blasfemia. Es echarle la culpa a Dios por lo que no la tiene. Cuando un león toma posesión de un harén de hembras, lo primero que hace es matar a todas las crías para que las hembras entren en celo y las pueda fecundar. Eso es una crueldad terrible. ¿Ha diseñado Dios este comportamiento?.
El tema científico de mayor actualidad es ahora mismo el cambio climático. A las voces mayoritarias que nos avisan de él se oponen otras que, incluso, niegan su existencia. ¿Cual es su opinion?
Bueno, hay un problema con el periodismo, que es el fair treatment, el tratar a todas las ideas por igual. Si hay un científico que habla en contra de la teoría de la evolución, se le da tanto espacio como a uno que la defiende; lo que pasa es que hay cien mil científicos que defienden la evolución por cada uno que no.
¿Cómo vive las confrontaciones con los partidarios del diseño inteligente?
Pues como ocurrió en el último juicio reciente, en el estado de Pensilvania, con un juez que no sabe nada de ciencia, y que es cristiano practicante y además nombrado por Bush. Pero oye a las dos partes, se convence de dónde está la razón y escribe una sentencia fortísima en contra del diseño inteligente y el creacionismo. Esto es lo que pasa cuando nos enfrentamos en un ambiente neutral, por así decirlo, como es un juicio en un distrito federal. La otra manera en la que me enfrento a ellos es por escrito, no hacemos confrontaciones públicas, porque en el diálogo frente al público lo que cuenta es la retórica. Si un señor que está ahí dice que no hay evidencia para esto y yo digo que sí, ¿cómo se lo demostramos al público? Yo digo que sí, él dice que no, y a ver quién lo dice mejor y de manera más convincente. Ahí cuenta la retórica, no los conocimientos ni la validez de la ciencia.
Presentación | Los Dioses | Evolución | Orígenes | La Biblia | Las Guerras | Bilderberg | Mundialismo | La Crisis | Engaño 2012 | El Cine | Música | Mis Juegos | Links | Documentales