Todo el contenido aqui expuesto, es una recopilación minima de ejemplos del Libro "Los Pesimos ejemplos de Dios",
escrito por Pepe Rodriguez. Así pues dejo constancia que los textos expuestos en este documento, no corresponden
a una reproducción de su libro, ni total, ni parcial, sino a un breve estudio y "constatación" de lo que presenta
el autor en este libro.
Pepe Rodriguez es doctor en Psicología y licenciado en Ciencias de la Información. Esta especializado en técnicas de persuasión coercitiva, así como en técnicas de investigación en periodismo. Es miembro técnico del equipo de trabajo sobre sectas de la Comisión Interministerial para la juventud y ponente en la Comisión Parlamentaria de estudio de las Sectas en España. Es director del EMAAPS (Equipo Multidisciplinar para el Asesoramiento y Asistencia en Problemas Sectarios), y a sido profesor del Instituto Complutense de Drogodependencia.
Vaya por delante que este libro está escrito en coautoría. El 90 % del texto es la palabra de Dios en estado puro, esto es, tal como se recoge en la Biblia, y el resto son simples comentarios de un pobre autor al que el Altísimo sólo dotó de sentido común, pero no de fe.
Si a algún lector no le gusta su contenido, que dirija sus protestas ante el autor de la Biblia, ya que este escritor no le ha cambiado ni una palabra a lo que los representantes autorizados de Dios certifican que dijo.
Escribir este libro no tendría ningún sentido si la Biblia se considerase una colección de textos inconexos procedentes de antiguas leyendas mesopotámicas y egipcias, y de tradiciones orales de pastores nómadas incultos (en relación al nivel que tenían la mayoría de las sociedades con las que se relacionaron y coexistieron) que, tras muchos siglos de remiendos y añadidos fueron recogidas, ampliadas y reelaboradas por "profetas" y clérigos muy listos al servicio de los intereses políticos, encubiertos bajo reformas religiosas, de reyes ambiciosos como Ezequías o Josías. Pero no, tal como veremos más adelante, la Biblia es la palabra de Dios y él es el único inspirador-autor de todo lo que contiene esa colección de libros tan disparejos.
Me perdonará el lector el atrevimiento de confesar, de entrada, que el sentido común con el que Dios me creó y los conocimientos que el Altísimo ha puesto a mi alcance, me inclinan a pensar que nada hay de divino en la más humana de las obras. ¿Pero quién soy yo para llevarle la contraria a unos dos mil millones de cristianos que creen a pies juntillas que la Biblia la escribió Dios?. Nadie, claro; ya me lo han dicho algunos católicos muy irritados a causa de otros libros míos; textos que aunque no han visto ni leído sí han repudiado preventivamente. ¡Qué cómoda es la fe de esa gente! ¡les evita leer montañas de libros (los míos no son los únicos que rechazan, ni mucho menos) al tiempo que les hace sentirse seguros y orgullosos poseyendo como capital más preciado todo lo que ignoran!.
En esta ocasión, sin embargo, no cometeré la torpeza de cuestionar lo fundamental de la Biblia. Si unos dos mil millones de creyentes dicen que es la palabra de Dios, sea pues así. No se hable más. En todo este libro aceptaré sin la menor duda que cada uno de los textos, ejemplos, leyes, actos, conductas...que aparecen en las páginas de la Biblia son la palabra y la voluntad de Dios, la expresión de su carácter y la transmisión de sus enseñanzas más principales a través de los actos que confesó haber realizado directamente y de los que avaló, secundó y bendijo en los protagonistas bíblicos que el Altísimo escogió expresamente para llevar a cabo cada uno de sus planes para el mundo.
Para bien de los lectores, ante la eventualidad de que mi impericia natural para analizar lo sobrenatural (causada por la falta de fe que Dios me dio como cruz personal) me lleve a ver en los relatos bíblicos enseñanzas algo diferentes a las que dicen hallar doctos prelados y pastores de afamado prestigio entre su grey, y que, en consecuencia, acabe por sumirles en el error, en este libro se ha tomado la precaución de suministrar en todo momento la auténtica y genuina palabra de Dios, reproducida siempre en medio de un contexto generoso y literal, a fin de que cada cual pueda juzgar por sí mismo el contenido de los capítulos y de los versículos bíblicos aquí transcritos y, al mismo tiempo, pueda aquilatar la mesura o desmesura de las conclusiones (siempre discutibles) a las que llegó este autor.
Con todo, siempre consuela saber que las llamas del infierno pasaron ya de moda y, por el momento, no son la eternidad que aguarda a quienes no acatan la visión monocolor de la dogmática oficial. Así al menos lo dejó dicho el Papa Wojtyla en agosto de 1999, cuando, tras regresar de sus vacaciones, en una audiencia semanal, declaró que "las imágenes utilizadas por la Biblia para presentarnos simbólicamente el infierno, como un horno en llamas o un estanque de fuego donde reina el rechinar de dientes, deben ser interpretadas correctamente. El infierno es la situación de quien se aparta de modo libre y definitivo de Dios". Pero ni este autor ni sus lectores pretendemos hacer tal cosa. ¿Cómo apartarnos de Dios si en todo este libro no haremos más que leer su palabra directa y eterna dándola por cierta?.
Cualquier lector sensato podrá acusarme de insensato por tomar en su literalidad los relatos bíblicos, y le sobrará razón para ello, pero la cuestión no es si este autor ha descendido o no en la escala evolutiva sino el hecho de que, de modo expreso e intencionado, se ha prestado a hacer lo mismo que practican dos mil millones de creyentes, pero sin hacer trampas. Me parece una indecencia intelectual y moral usar partes de la Biblia (a menudo meros fragmentos de un versículo) para tomarlos por "palabra de Dios" merecedora de adoración, mientras que la inmensa mayoría de los escritos bíblicos, incluso el contexto de las citas elegidas (que frecuentemente contradicen el significado dado a la mismas) se ignoran a sabiendas, o se reducen a letra profana tildándolos de poesía, metáfora, historia, tradición...Claro que la Biblia es todo eso, además de un compendio reelaborado y maquillado de mitos paganos muy diversos y bien conocidos, pero ¿por qué debe tomarse por "palabra de Dios" una parte de un párrafo y despreciar el resto considerándolo como mera paja o decorado?. La dogmática católica y cristiana, tal como se verá más adelante, obliga a creer que cada palabra de la Biblia procede de Dios mismo...aunque los exegetas autorizados recortan y retuercen esa "palabra de Dios", que es inmutable (dicen), por donde les da su santísima gana. Cuando uno se ha leído la Biblia varias veces y con espíritu analítico, no puede menos que darse cuenta de que es el más contradictorio de los libros, ya que a cada afirmación en un sentido se le puede encontrar otra o varias en sentido contrario, ¡y todas realizadas por el mismo Dios, claro está!.
Es bien conocido el mandato divino que Dios le dio a Moisés dentro del decálogo y que podemos leer, por ejemplo, en el Deuteronomio: «No matarás» (Dt 5,17).
Pero resulta que el mismo Dios, unos capítulos después, y también bajo forma de ley que recibió Moisés, impuso para su cumplimiento que: "Si un hombre tiene un hijo rebelde y desvergonzado, que no atiende lo que mandan su padre o su madre (...) sus padres lo agarrarán y llevarán ante los jefes de la ciudad, a la puerta donde se juzga (...) Entonces todo el pueblo le tirará piedras hasta que muera" (Dt 21,18-21).
Y, sin pretender ser exhaustivos, ese mismo Dios, un poco antes, en Números, le ordenó al mismísimo Moisés: "Apresa a todos los cabecillas del pueblo y empálalos de cara al sol, ante Yavé; de ese modo se apartará de Israel la cólera de Yavé” (...) Yavé le dijo entonces a Moisés. "Ataca a los madianitas y acaba con ellos (...)" (Nm 25,1-17).
¿No matarás?. ¿Palabra de Dios?. ¿Cuál es la palabra de Dios?. ¿La que prescribió no matar?. ¿La que legisló que debía matarse a los hijos desobedientes sólo por serlo?. ¿La que ordenó matar brutalmente por empalamiento y exterminar a todo un pueblo?. En todos los casos fueron mandatos directos de Dios a Moisés, dados para su cumplimiento inexcusable.
¿Por qué razón debe hablarse sólo del primer mandato divino y callar sobre los otros?. ¿Dónde está escrito que las cientos de miles de muertes que relata la Biblia, y que el propio Dios se adjudicó como obra personal, fueron una especie de broma, o de tradición histórica exagerada, y que lo único que legisló Dios fue el "no matarás"?. O Dios dijo todo eso y más, o no dijo nada de nada. Los creyentes piensan que Dios dijo todo lo que aparece en la Biblia. Bien. Pues, punto en boca. Sólo que, si puede tomarse por divina, literal, cierta e imperativa la frase citada, "no matarás" (así como otras muchas con notable fama entre la grey), la decencia intelectual y moral de la que antes hablaba obliga a tomar también por tales al resto de palabras, frases y mandatos que, según Iglesias y exegetas, se contienen en la Biblia por ser, precisamente, la depositaria de la palabra cierta, fiable e inmutable de Dios.
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